miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Es Christopher Nolan el nuevo Ayn Rand?

Fui a ver Inception el día de su estreno en Venezuela, junto con un grupo de amigos. Debo admitir que contrario al consenso general de taquilla y crítica, la película no me gustó. Y quiero aclarar que digo que no me gustó, no porque piense que está mal dirigida o escrita, sino por razones que no podía precisar en ese momento.

Rara vez suelo ponerme el sombrero de crítico de cine; pero en este caso, la crítica va más hacia la filosofía y el imaginario del director angloamericano. De entrada recuerdo que me incomodó mucho el mundo elitesco planteado por Nolan, algo que ya se nos ha demostrado en sus películas anteriores.


Aunque no he podido ver todavía la ópera prima de Nolan, sí he visto todas las películas que le han seguido. Decidido a revisar la filmografía del director y guionista, me encontré con algunos elementos en común: protagonistas de clase media alta, corporaciones con mucho poder; pero, sobretodo, fuerzas estatales corruptas e ineficientes.

La lista de policías nefastos es grande. Desde el manipulador pero incompetente Pantoliano en Memento, hasta el tramposo personaje de Pacino en Insomnia (menos maquiavélico, eso sí, que el interpretado por Stellan Skarsgård en la versión original de Erik Skjoldbjærg), Nolan acostumbra a pintarnos fuerzas estatales y policiales como una fuente constante de corrupción. Tal vez por esto se le dio con tanta naturalidad revivir la franquicia de Batman pintando una Ciudad Gótica sumida en el caos por culpa de una policía corrupta, que encontraría su única salvación en la justicia impartida por el aristócrata Buce Wayne utilizando todos sus recursos económicos.

La concentración de poder es tan bien vista por Nolan que incluso es la gran resolución de uno de los conflictos de Batman Begins, cuando finalmente el heredero de la fortuna logra “salvarse” de la capitalización de la empresa adquiriendo todas las acciones a través de diversos consorcios fantasmas. ¡Viva el monopolio!


Pero creo que ninguna cinta evoca elementos tan Randianos como Inception. De entrada, cuando se resuelve el conflicto introductorio de la cinta, el pobre Lukas Haas tiene que enfrentar a la justicia. Su delito es espionaje corporativo, pero no lo detiene la policía, ni lo llevan a un juzgado que represente al Estado y al pueblo. No. Haas será “juzgado” por la corporación que intentó robar. El cómo, ni si quiera nuestro amigo Watanabe lo puede anticipar.

Entrando ya en el clásico esquema del detonante dramático, Inception nos presenta dos conflictos que deben ser resueltos. El primero, claramente económico, es que un magnate de las corporaciones está a punto de heredar un imperio que sin duda lo llevará a monopolizar el mercado. El segundo conflicto, el personal de nuestro protagonista Di Caprio, es que es perseguido por la (ahora incompetente) policía por un crimen que no cometió.

Uno pensaría que ambos problemas tienen una solución muy sencilla: la justicia impuesta desde el poder estatal. Un tribunal podría dictar una medida antimonopólica, y Di Caprio podría presentar pruebas contundentes de su inocencia. Pero en el imaginario de Nolan, la justicia no viene así (¿o ya olvidaron el final de The Prestige?). En el mundo de Nolan, two wrongs DO make a right. Y por supuesto, debe venir impuesto desde las altas esferas del poder económico.

El gran plan consiste entonces en engañar al heredero para que disuelva el conglomerado y así nuestra "desinteresada" empresa podrá seguir siendo competitiva y líder en el mercado. Y la inocencia de Di Caprio, ¿por qué probarla cuando un gran ejecutivo puede alzar un teléfono y mover sus contactos para que la (ahora, de nuevo, corrupta) policía no lo siga persiguiendo?

Más allá de los valores cinematográficos de la cinta de Nolan, Inception me plantea otras interrogantes más políticas. En pleno momento en que el libertarianismo comienza a perder prestigio por la avaricia de las grandes corporaciones, ¿trata Nolan de erigirse como el Ayn Rand de la nueva generación?

(Por cierto que en mi otro blog, coloqué un análisis semiológico de Metrópolis, de Fritz Lang. Aunque el desglose realizado por The Vigilant Citizen se centra en los símbolos, el mensaje no deja de tener contenido político. Por eso los invitto a revisarlo)

3 comentarios:

Angie Rodríguez dijo...

Es interesante. Me he fijado que, de un tiempo para acá, muchos audiovisuales (incluyendo telenovelas) te plantean un mundo en el que las instituciones que imparten justicia no existen, y los personajes deben resolver los conflictos relacionados con esta área por sí mismos.

Por ejemplo: una situación de secuestro en que no se llama a la policía, un crimen que la persona decide investigar por su cuenta, una extorsión no denunciada, etc.

Lo interesante en este caso, es que quien llega a la resolución del conflicto sean las corporaciones.

Harold dijo...

No lo había visto desde ese punto de vista, pero ciertamente la descalificación hacia el Estado se ha hecho muy común.

Gracias por el aporte, y me alegra mucho ver que al parecer acabó la locura de la semana pasada y volvimos a los pocos pero constructivos comentarios de los sospechosos habituales.

=)

Ernesto Soltero dijo...

¿Y quién dice que Ayn Rand defiende la concentración de poder económico? todo lo contrario...para ella el libre mercado es la democratización de ese poder económico. Es el Estado, según ella, quién bloquea esa igualdad de oportunidades, y en eso se basa el liberalismo. El egoísmo que ella defiende no implica hacer daño a los demás, sino en beneficiar a los demás al trabajar por ti mismo.Si produces para ti, produces para los demás...