viernes, 15 de mayo de 2009

La apología a la mediocridad

Hace varias semanas un amigo que trabaja para una productora de TV que realiza una serie de programas de corte social (eufemismo para decir que hacen cualquier vaina para VTV y cobran 50 mil BsF por capítulo), me echó un cuento escalofriante. Se encontraba metido en un apartado sector de la Bombilla (barrio caraqueño) haciendo un documental sobre unas construcciones que realizaban los mismos vecinos. Al parecer, luego de saludarlo de camarada y comentar la excelente iniciativa de realizar trabajos en beneficio de la comunidad, lanzaron una lapidaria frase para ensalzar su trabajo: "acá no necesitamos ingenieros".

La frase me dejó pensando. Es decir, ¿quién podría despreciar el aporte que podría hacer un ingeniero a la hora de resolver una obra de... ingeniería? La única imagen que me vino a la mente es la repetida escena del Chavo donde Kiko le negaba algo al protagonista y éste respondía: "al cabo que ni quería".


El Chavo reaccionaba así en base, principalmente, a puro resentimiento. Al no tener acceso a algo intentaba racionalizar y decirse a sí mismo que no le hacía falta (aunque en algunos casos, esto no era cierto). Pero más allá de este episodio de negación resentida, lo que más me preocupó fue que, según mi amigo, las personas fueron muy enfáticas en despreciar el oficio de ingeniero. Para ellos alguien que se esforzó en estudiar cinco años, era mucho menos que alguien que improvisara cualquier cosa. Y sigo preguntándome, ¿por qué existe esta especie de apología a la mediocridad?

Esto es algo que se aprecia en todos los sectores de la sociedad venezolana. Si empezamos por el gobierno, claramente veremos que un amplio sector de la población se siente claramente identificado con personajes que, por ejemplo, han sido los últimos en su promoción o claramente no ni si quiera han estudiado. El principal programa de opinión del canal del Estado está conducido por alguien que se jacta de "no ser periodista". ¿Quién se puede jactar de no estudiar? Pero más importante aún, ¿qué mensaje se está transmitiendo por la televisión estatal? ¿"No estudies y algún día podrás llegar a ser el conductor de un programa en la televisión del estado"?

¿Modelo a seguir?

El (cada vez más reducido) sector privado no escapa para nada al principio de Peter. La mayoría de las personas que conozco se sienten frustradas y poco optimistas en sus sitios de trabajo. Más allá de la situación del país (que ampliamente reseño en este blog), sienten que la mayoría de las personas que surgen dentro de una empresa son los que son amigos de los dueños, tienen más contactos o simplemente le caen mejor a los dueños... Básicamente por esa razón me fui del canal de TV de señal abierta donde trabajé.

Y la situación no se queda allí: es muy probable que tú también promueves la mediocridad. Tal vez has organizado un evento a una hora específica y, llegada la hora, le dices a quienes sí fueron puntuales "un momento, vamos a esperar un tiempo a que llegue más gente para empezar". El mensaje es claro: vamos a castigar a quienes llegaron puntuales haciéndolos esperar, y vamos a premiar a quienes lleguen tarde porque, pobrecitos, no vaya a ser que se pierdan algo. Y más grave aún que el mensaje es el resultado de esta acción: es muy claro que quienes hayan sido puntuales, la próxima vez ya no lo serán tanto (¿para qué?).

No sé cómo fue que este país se convirtió en un territorio donde se premia la mediocridad y se castiga la virtud; pero algo debemos poder hacer para revertir este hecho. Mientras se siga premiando la mediocridad, seguiremos teniendo un país (y un gobierno, y una clase empresarial) mediocre. Motivo de reflexión.

3 comentarios:

Angie Rodríguez dijo...

Ese es el asunto: en algún momento me dí cuenta de que aún con grandes esfuerzos cualquiera es susceptible de dejarse salpicar por rasgos de mediocridad, como lo de los eventos.

Y no quiero sumergirme allí...

Meesh.elle dijo...

Pues...¡allá los que han optado por abrazar la falsa felicidad del conformismo!

Harold dijo...

Cuando el camino a seguir es el conformismo y la mediocridad, uno se pregunta: ¿cuál será la meta?